Ernesto Salanova tagged posts

Jardines de Juan Alvargonzález y Parque Infantil

desde el aire

Imagen aérea de la cartoteca de Cataluña año 1962. A la izquierda los Jardines de Juan  Alvargonzález y a la derecha  el Parque Infantil.

Parque Infantil 

Membrillo, o chocolate, y pan, para merendar. Agua de la fuente, para beber. La peonza. El patinete. Acaso, algunos tebeos. Arboleda, con palmeras. Bancos. Un estanque, rodeado de flores. Senderos y espacios de tierra inconsistente y granulada —como el chocolate de la merienda por donde corremos y jugamos los niños y las niñas de este lado de la villa, bajo un sol, dulce y amarillento como el membrillo de la merienda— que entibia Gijón.
Así vemos, de golpe, al volver la memoria hacia él, a nuestro Parque Infantil, esa región de juegos, de abandonos y de felicidades remotas que, en las horas del alba, nos congregó a t...

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Gijón, aquellos años 50.

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En la década de los 50, Gijón era una ciudad tranquila y habitable, comedida y cortés. Los años 40 oscuros,tristes y silenciosos, cargados de hambrunas, habian pasado, y pareciamos caminar, expectantes, pero resueltos, por el camino adecuado, hacia la gozosa prosperidad de los 60.

El paisaje urbano ya no estaba tan roto y descalabrado, por la metralla de la guerra civil, como lo habia estado. Se reconstruian los inmuebles (sin sentido estético, mal, pobremente es decir de forma particularmente rica), se reparaban los destrozos, se lucían las fachadas. los Gijoneses, tantos años callados en público, volvían a elevar la voz en los cafés y en los chigres; no mucho, pero sí algo.

Gijón años 50-8

Gijón años 50-4

En las cafeterías a la moda había ahora señoritas y señoras jóvenes, hermosas, bien vestidas, que...

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Gijón. La calle de los Moros.

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 Quiero dedicar, con todo mi cariño, esta entrada del blog , a mi hermana Teresa, por los momentos vividos en la que fué y será siempre nuestra calle.

Hubo quien escribió, con tanta irreverencia como picardía y agudeza, que el apóstol San Pedro, pese a tener un credo, una vida, una persecución y una, muerte en la cruz, iguales a las de Jesús, no fué, sin embargo, Cristo. Y esta ingeniosidad -de Oscar Wilde, creo, ¿de quién, si no?- me parece a mí que, si la desgajamos del alto del símil en que se produjo y la hacemos bajar al polvo de la tierra y de las vias urbanas, bien podria servir para caracterizar a la calle de los Moros respecto a su mítica equidistante, la calle Corrida...
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